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CAMPAÑA ADN PARENTAL PARA TODO RECIÉN NACIDO/A

FUNDAMENTOS

La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN – 1989 -) ratificada por 196 Estados reconocidos en la Asamblea General de las Naciones Unidas, estableció por primera vez, en comparación con tratados anteriores, a los niños como sujetos de derecho y convirtió a las personas adultas en sujetos de responsabilidades. Las Naciones firmantes que adoptaron la CDN como marco regulador de la relación entre el Estado y la infancia (entre ellas la Argentina), están obligadas a respetar y establecer sus principios como ley en el ordenamiento jurídico de sus propios países.

La CDN en su art. 7 dice: “El niño será inscripto inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace, a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos”… “y que los Estados Parte velarán por la aplicación de estos derechos de acuerdo con la legislación nacional y las obligaciones que hayan contraído en virtud de los instrumentos internacionales pertinentes en esta esfera…” como así también que los “Estados Partes se comprometen a respetar los derechos del niño a preservar su identidad, […] de conformidad con la ley sin injerencias ilícitas” y “cuando un niño sea privado ilegalmente de alguno de estos elementos de su identidad o de todos ellos, los Estados Partes deberán prestar la asistencia y protección apropiadas y con miras a restablecer rápidamente su identidad” (Art. 8); y por último, que los “Estados Partes velarán porque el niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de éstos…” (Art. 9).

En este mismo sentido, citamos a Norma Morandini[1] “Podemos definir al derecho a la identidad como el derecho subjetivo a ser uno mismo y presentarse así́ frente a los terceros. La protección legal del derecho a la identidad, y particularmente a la identidad de origen, debe estar naturalmente orientada a impedir la desnaturalización o el falseamiento de la persona y, por tanto, su proyección en la sociedad. Se pretende evitar que se desdoble la verdad histórica de las personas, mediante la consagración de herramientas jurídicas que garanticen la defensa de su identidad personal por sobre todo hecho o acto que pretenda o tienda destruirla u ocultarla. Se trata, como sostiene Fernández Sessarego, de “la defensa de la mismidad de la persona frente a toda acción tendiente a desfigurarla” (“Derecho a la identidad personal”, 1992).

 

Si bien la determinación de la paternidad fue tema de discusión desde civilizaciones tan antiguas, como el Imperio Romano, fue en la primera mitad del siglo XX que se logro la identificación de los grupos sanguíneos. Este conocimiento permitió descartar la paternidad con certeza, pero tenía poca capacidad para confirmarla. En 1953, James Watson y Francis Crick describieron por primera vez la constitución de las cadenas de ADN (ácido desoxirribonucleico).  Los progresos tecnológicos de la segunda mitad del siglo XX permitieron que, en 2003, solamente 50 años después, se decodifique la totalidad del genoma humano, el mapa en donde se ubican los aproximadamente 20.000 genes que tenemos en nuestro ADN. A partir de este paso gigantesco de la ciencia, se fueron estudiando distintas regiones del genoma humano con distintos objetivos: enfermedades congénitas; cambios que favorecen el desarrollo de ciertas enfermedades; selección de los tratamientos para ciertas enfermedades; determinación de los lazos sanguíneos.

El estudio del ADN puede hacerse a partir de prácticamente cualquier muestra biológica, por ejemplo, sangre, mucosa bucal, pelo, muestras de distintos tejidos, incluso, a partir de huesos muchos años después de la muerte de la persona. Hoy en día, la obtención de muestras es un procedimiento muy simple de realizar.

Estos revolucionarios descubrimientos nos permiten tener acceso a la información real sobre nuestros orígenes. Un antes y un después. El conocimiento del ADN parental de todo recién nacido/a, es decir, el saber con certeza científica, quiénes son los progenitores, permitirá poner fin a la angustia y búsqueda fantasmáticas de filiaciones ocultas e ignoradas, apropiarse de la genética de ambos linajes y por último lograr inclusión y enraizamiento con la genealogía, a menudo amputada.

Abundan los secretos de filiación, aquellos de orígenes inconfesables. Algunas veces se trata de adopciones no legales con procedencias desconocidas. O bien sospechas varias sobre la situación del origen. Últimamente, con el crecimiento de formas no tradicionales de fecundación, se incrementaron las situaciones de desconocimiento de la ascendencia, sean materna o paterna.

Tanto el desconocimiento, como el engaño o el ocultamiento en torno al origen son una traba para la construcción de identidad. Sin embargo, lo sabemos, las mentiras tienen patas cortas. Tanto los afectados, como sus familias y sus descendientes padecen el trauma del desconocimiento del origen. Lo que no se resuelve en una generación, rebota inconscientemente en las siguientes, bajo la forma de repeticiones y de movimientos hacia atractores y repulsores, vinculados al dolor filial.

Los trastornos de identidad, por desórdenes en la filiación, se encuentran escondidos en secretos inconfesables y engaños intrafamiliares. Así ocurre en las dinámicas de hijos adoptados, de hijos que “sin saber, saben” de sus orígenes camuflados.

En la actualidad, con los nuevos métodos de fertilización, la aparición de hijos de óvulos y espermatozoides donados y anónimos, se incorpora un nuevo colectivo a las dinámicas del engaño y del secreto que impiden a mucha gente conocer y tener certeza sobre su origen biológico y genealógico.

Al mismo tiempo, transitamos paradojalmente, una cultura epocal que acentúa la verdad y la transparencia paradigmáticas. Conocer el origen biológico / genético y genealógico es un derecho que hace a la construcción de la identidad, del sí mismo, del quién soy y de dónde vengo.

Los problemas de identidad por trastornos de filiación, son un aspecto  insoslayable de los fundamentos para lograr ADN parental para todo recién nacido/a. Los psicogenealogistas estamos familiarizados a tratar con personas que, queriendo construir su identidad, tienen dificultades para lograr enraizamiento con sus orígenes.

La tecnología actual lo permite y está al alcance económico de muchos países que pueden hacerse eco de esta necesidad. Cabalgamos la evolución científica y su correlato cultural, que nos exigen transparencia y verdad a través de un mundo cada vez más interconectado y democratizado.

Vivimos una época histórica que afirma que todos tenemos derecho a la identidad. Así como el conocimiento de nuestro capital genético resulta importantísimo para el campo de la salud médica, el conocimiento de las raíces genealógicas importa para establecer pilares de la identidad psicosocial.

La mayoría de la gente implicada en desórdenes de filiación busca sus orígenes. Un impulso que les viene desde lo profundo del alma. Ningún argumento logra disminuir   esta necesidad de búsqueda. Un tema tan potente que se transforma en matriz de destinos y que puede atravesar una genealogía familiar.

Recientemente, en el campo genealógico/ancestral, se realizan pruebas de ADN genealógico, que analizan ubicaciones específicas del genoma de una persona, con el fin de encontrar o verificar relaciones genealógicas ancestrales o bien, para estimar la mezcla étnica de un individuo.

El ADN PARENTAL obligatorio para todo recién nacido/a como parte de su derecho a la identidad verdadera, permitiría:

a) En lo psicosocial:

  • Impedir la proliferación de engaños y secretos de filiación.
  • Lograr que aquellos que desconocen su origen, lo sepan o no, logren conexión filial a través de los descendientes que establezcan nexos de consanguinidad a través del cruzamiento de datos de de sus respectivos ADN.
  • Colaborar con la consolidación del ideal de un marco familiar que incluya a ambos linajes para la crianza y fomentar, de este modo, la responsabilidad parental.
  • Contribuir, a través de los estudios del ADN, a demostrar los orígenes multiétnicos de una persona y a determinar, como un valor cultural, que una persona es más que su pigmentación racial. Esta filogénesis resulta un dispositivo de enorme oposición contra las ideologías endogámicas y racistas, porque demuestran la unidad del origen humano. Todos somos uno. Además, en la medida que la información demuestra, que las etnias subvaluadas tienen genes blancos en sus ancestros, esta sirve para potenciar a los discriminados: “Yo también soy”. Del mismo modo, las etnias más empoderadas descubrirán su multietnicidad. El “Yo también soy”, reduce, de modo drástico, las singularidades de la discriminación.
  • Ayudar a enraizar con patrias de origen a los que no la conocen. Por ejemplo, los afroamericanos que desconocen su lugar de arraigo ancestral en África.

Como consecuencia del establecimiento científico del genoma humano, nos encontraremos en un futuro próximo, con un despliegue masivo de bancos de datos genéticos. El entrecruzamiento de datos permitirá, a los descendientes de ancestros que padecieron amputación genealógica, encontrar raíces perdidas y retomar contacto con su consanguinidad. Esta reparación alivia el dolor de los que no saben de su origen, al aumentarles la esperanza de un reencuentro con sus raíces en tiempos genealógicos.

b) Desde el campo de la salud médica:

  • Diagnosticar enfermedades de origen genético (ej. hemofilia, distrofia muscular, etc.)
  • Evaluar el riesgo de desarrollar ciertas enfermedades (ej. arritmias cardíacas, fibrosis pulmonar, etc.)
  • Establecer respuesta a medicamentos.
  • Producir vacunas y medicamentos en bioingeniería.
  • Indicar tratamientos de reemplazo de partes dañadas del genoma por segmentos sanos.

c) En el campo forense

Cada persona tiene un ADN único e irrepetible, sería como su “huella genética”.  Esta característica, sumada a la tendencia a universalizar los bancos de datos genéticos, ayudaría, en mucho, a identificar a victimarios en contexto de delito a partir de cualquier tejido del organismo.

EN SÍNTESIS:

  • Para que no haya más personas que ignoren o tengan dudas sobre quiénes son sus progenitores.
  • Para terminar con el engaño y el ocultamiento liberando a la verdad.
  • Para impedir el robo de bebés.
  • Para que, en muchos delitos, como algunas violaciones, sea más fácil hallar al autor.
  • Para que, a través de los datos genéticos cruzados, toda persona pueda encontrar familia.
  • Para que prevalezca la verdad y la transparencia en las familias. Un derecho de un niño es una responsabilidad de sus padres.

El ADN PARENTAL al brindarnos información sobre el campo genético y genealógico es un dispositivo ineludible para construir Identidad.  Por todo esto proponemos:

  • La siguiente inclusión en la Declaración sobre los Derechos del Niño:“todo niño/a recién nacido/a, además de su nombre y nacionalidad, tiene derecho a obtener su ADN parental inscripto en su partida de nacimiento”.
  • El establecimiento de legislación jurisdiccional para que a todo niño/a recién nacido/a, además de su nombre y apellidos, le sea obligatoriamente otorgado por Ley el ADN de sus progenitores.

Primero los niños.

    Ayudanos a construir futuro difundiendo e instalando esta propuesta:

  ADN PARENTAL para todo recién nacido/a inscripto en su partida de nacimiento.

 

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