ArticuloDuelos

¿Porqué una clínica de Duelos?

Como sabemos, la muerte es real, llega sin aviso, no distingue y no puede ser eludida.
El tema de la muerte, del proceso de morir y de los duelos se instala con vigor en el mundo psicológico
durante las últimas décadas para dar respuesta a una creciente demanda social.
Las religiones lo han hecho y continúan preocupándose por los que han “muerto mal” y que viven como
almas en pena. A partir del modernismo y el impulso de formas seculares, se han desplegado nuevas
experiencias y conocimientos del mundo psicológico para ayudar a que los muertos puedan “seguir su
camino” y estar en paz. Ha dejado de ser patrimonio exclusivo del mundo religioso. Este movimiento ha
permitido un acercamiento entre el mundo religioso espiritual con la psicoterapia y ha
creado una fértil
imbricación.
En forma paralela se consolida una tendencia creciente a la creación de grupos de autoayuda de familiares
de fallecidos en situación de duelo difícil. Con frecuencia, muchos sobrevivientes de impactos traumáticos
se dedican a ayudar a quienes padecen sufrimientos similares. Mucho más en la actualidad, facilitados por
el encuentro que producen las redes sociales. Esta cooperación de dolientes resulta un modo eficiente de
mitigar el contexto de vida de muchas familias actuales, las que más aisladas y más en soledad que la familia
tradicional extensa y su cultura de vecindades, a menudo carece del apoyo comunitario suficiente para
afrontar una pérdida significativa.
Si bien la conciencia social sobre las consecuencias personales y familiares de estos duelos no elaborados
sigue siendo muy limitada, observamos que si se les ofrece una opción válida, cada vez más personas piden
ayuda para elaborar sus duelos.
La necesidad de establecer una Clínica de Duelos Difíciles, fue observada también por renombrados
terapeutas. Muy experimentado y avalado por una casuística hospitalaria importante, Zisook1
encontró que muchas personas piden asistencia porque se sienten enfermas y dolidas, pero ignoran que detrás de sus
angustias se encuentra un duelo congelado. Con más de 3.200 casos en estudio, concluyó que el 17 % de
los pacientes psiquiátricos de atención externa tienen un duelo congelado no resuelto.
“Muchas enfermedades psiquiátricas y psicológicas son la expresión de un duelo enmascarado y están en
la base de trastornos de ansiedad, depresión, histeria y trastornos de ansiedad”. Así lo entendía John
Bowlby, célebre psiquiatra inglés creador de la “Teoría del Apego”.
También André Green, quien fuera vice-presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, comprende
la importancia de los trastornos del duelo no elaborada cuando afirma en su ensayo “La madre muerta”, que, “Si debiéramos escoger un solo rasgo para señalar la diferencia entre los análisis contemporáneos y lo
que imaginamos pudieron ser en el pasado, probablemente habría acuerdo en situarlo en el terreno
de los
problemas del duelo.”
El interés por la muerte y su significado, por el lugar que ocupan los muertos en la psiquis personal y familiar,
por el entierro y por los ritos funerarios, nos diferencia como especie biológica. Estos temas son
estrictamente
humanos y tienen alcance universal. Sin embargo, las emociones básicas del proceso de
duelo y algunas conductas nos emparejan con el reino animal. Efectivamente, como lo demuestran estudios
etológicos, de Darwin a la actualidad, en una gama amplia de especies animales se observan conductas de
aferramiento, de ira, de tristeza, de entierro y de tiempos de luto.
Nuestros muertos tienen presencia intrapsíquica tanto en una dimensión personal como genofamiliar. Toda
persona que fallece se transforma, en ese acto, en un antepasado para los vivos. Los muertos están
psicológicamente presentes en calidad de “muertos / vivos”. Entre ellos encontramos la representación
de “las almas en pena girando a nuestro alrededor”.
Este concepto de “fantasma” o de “espíritu” o de “alma en pena” lo encontramos en diversas culturas que se
han ocupado de parientes, amigos, padres, abuelos, hijos, que “no descansan en paz”. Posiblemente se
trate de un “constructo” ligado a las vivencias angustiosas de incertidumbre, falta de control, de vacío, de
desapego y de futilidad que producen la muerte y el estado de conciencia de finitud de la vida.
Para estas cosmovisiones, liberar a los muertos aprisionados en sus angustias por encontrarse penando, y
girando en torno a sus descendientes, resultaba una tarea de salud mental tanto para el difunto como para
sus familiares vivos.
Durante el pasado siglo, Freud y el psicoanálisis lograron instalar en la cultura, sacándolo de la represión y
el oscurantismo, el campo de la sexualidad humana como algo natural, vivo, espontáneo y saludable. Sus
efectos, un siglo después, siguen vigentes. Del mismo modo, hoy en día, apreciamos que la temática de los
muertos, la muerte y el duelo necesitan hacerse oír, salir del ocultamiento y abrir espacios inclusivos tanto
en lo cultural como en ámbitos académicos y los ligados a la salud física y psíquica. El trabajo con los
muertos es esencial para establecer una paz psiquica estable y duradera. Tal el mandato de la Clínica y la
responsabilidad de los profesionales de escucharla e implementarla en dispositivos de salud.
Si bien Freud estableció los conceptos de “trabajo del duelo” y “duelo normal y patológico”, en 1915 /17, con
su escrito “Duelo y Melancolía”, han sido durante los últimos 40 años donde, en Occidente, felizmente,
algunas voces del mundo de la psicoterapia comenzaron a establecer las patologías en torno a “muertes y
duelos difíciles” de elaborar y sus secuelas de dolor somato psíquico. Al mismo tiempo, y como parte de
este movimiento, se instalan, por un lado, el acompañamiento paliativo a moribundos y la contención al dolor
por pérdida de sus familias y por otro, a través del trabajo con el Árbol, las relaciones con los ancestros.
No se trata, en este trabajo con los muertos, de posiciones metafísicas, de creencias sobre las vidas futuras
después de la muerte, o sobre la reencarnación o la resurrección.
Las consideramos, desde nuestro
interés, en la perspectiva clínica centrada en el dolor por pérdidas y sus secuelas patológicas.
Fueron Nicolás Abraham y Marie Torok quienes en la década de 1960 concibieron la revolucionaria “Clínica
del fantasma”. Entendieron que muchos problemas llevaron a que los muertos de nuestra familia no hubieran
podido librarse, antes de morir, de sus traumas, dolores e ilusiones y que estos se trasladaban a los
descendientes. El fantasma, decían, “es un objeto del inconsciente que se transmite de inconsciente a
inconsciente en las relaciones de filiación”.
Esta mirada instala el concepto de inconsciente genealógico como una modalidad diferente al inconsciente
freudiano constituido con vivencias reprimidas. Y del inconsciente colectivo junguiano habitado por símbolos
universales. Para N. Abraham y Marie Torok, las vivencias, que alguna vez fueron reprimidas, pueden ser
 
1
Dr. Sidney Zisook, Psiquiatra Facultad de Medicina – Universidad California. Estudia tratamientos para Duelos Complicados.